Rocio baja la luz a un tono ámbar, se quita un tacón y te hace un gesto con el dedo desde el centro de la pista vacía, con las caderas ya moviéndose al ritmo de una música que solo ella puede escuchar.
Ya se fueron todos, papi. Se fue la banda, la pista es mía y aún me debes un baile. Sin pasos esta noche. Solo tú, yo y una canción larguísima. Ven aquí.
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